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ZAMORA Cementerio guarda mausoleo egipcio y tumbas musulmanas

El cementerio municipal San Atilano de Zamora, en España, reúne panteones de arquitectos modernistas, esculturas encargadas por familias burguesas, un mausoleo de inspiración egipcia y un espacio para entierros musulmanes, junto a tumbas que por estos días lucen llenas de flores.

Zamora (España), 1 de noviembre (EFE).- Panteones históricos, esculturas de piedra, un mausoleo egipcio y una zona para entierros musulmanes comparten espacio en el cementerio municipal San Atilano de Zamora con las tumbas tradicionales, que en estos días están cubiertas de flores.

El camposanto se abrió hace 192 años como alternativa a los entierros junto a las iglesias, luego de una epidemia de cólera. Entre sus cuarteles y calles se conservan algunos panteones que siguen la huella de la historia de la ciudad.

Varios de ellos fueron diseñados por arquitectos reconocidos del modernismo y el eclecticismo zamorano, como Segundo Viloria y Gregorio Pérez Arribas. En muchos casos, los encargos provinieron de familias de la burguesía de la época.

A Pérez Arribas se debe el panteón más emblemático del cementerio: el de la familia de industriales harineros Gabino Bobo, construido en 1928, que sobresale por su majestuosidad, su estilo neoclásico y su vidriera. También se le atribuye el panteón neogótico de Elvira Alonso, conocido por el tono rojizo de su ladrillo caravista.

Segundo Viloria, autor del Mercado de Abastos de Zamora, levantó en 1917 el panteón de Paula Cancedo, con planta de cruz griega. En tanto, el galvanizador Marciano Fernández mandó construir en 1948 un mausoleo cuya cúpula reproduce la de la catedral de Zamora.

De la década de 1940 es también el mausoleo de la familia Barrueco, fundadora del primer cine de la ciudad. Su patriarca quedó cautivado por la cultura egipcia durante uno de sus viajes, por lo que levantó una construcción presidida por dos efigies de dioses de esa civilización, con serpientes, escarabajos y repetidas alusiones al número siete.

En la parte nueva del cementerio, hace ocho años se habilitaron 30 tumbas para entierros islámicos, dispuestas de forma distinta al resto porque miran hacia La Meca. Actualmente solo dos están ocupadas.

La Guerra Civil también deja su huella en el camposanto. Allí se encuentra el panteón que unos padres dedicaron al teniente Tito, que aún guarda una fotografía suya en el interior y que tiene en el exterior la figura en piedra de un soldado que custodia el mausoleo.

Junto a las tumbas de los Nerpell, una próspera familia burguesa dedicada al comercio de vinos entre fines del siglo XIX e inicios del XX, hay una escultura en piedra de María Magdalena y la Virgen rezando ante una cruz.

Entre las obras más recientes figura un 'Ángel custodio' con alas de hierro, tallado en 2003 por Andrés Figuero a partir del tronco de un árbol seco. Del año 2021 es la Cruz del escultor José Luis Alonso Coomonte, que preside la parte nueva del cementerio.

Coomonte, como era conocido artísticamente, murió hace menos de un año y sus cenizas reposan en el panteón de ilustres, junto al escultor Eduardo Barrón y al poeta Jesús Hilario Tundidor. Cerca se ubica la tumba del poeta zamorano Claudio Rodríguez, premio nacional de poesía, cuyo epitafio es uno de sus versos: "El primer surco de hoy será mi cuerpo".

El primer surco de hoy será mi cuerpo

Claudio Rodríguez, poeta (verso usado como epitafio en su tumba)