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PAPAS REBELDES Los pontífices que le plantaron cara al poder

El papa León XIV se recupera de la operación por adenocarcinoma pulmonar que le practicaron el 13 de octubre en el policlínico Agostino Gemelli de Roma, mientras se espera su visita al Perú. Su caso abre un repaso por los pontífices que se enfrentaron a los poderosos de su época.

El papa León XIV atraviesa la recuperación de una cirugía por cáncer. El pasado 13 de octubre, en el policlínico Agostino Gemelli de Roma, le extirparon un adenocarcinoma pulmonar junto con el lóbulo inferior del pulmón derecho. Mientras tanto, en el Perú se aguarda su próxima visita.

Esta vez la batalla del pontífice no fue contra la corrupción dentro de la Iglesia ni contra los poderosos del mundo, sino contra una enfermedad. Su situación sirve para recordar a otros papas que protagonizaron duros enfrentamientos con el poder de su tiempo y que, en varios casos, pagaron un alto precio, incluso después de muertos.

Uno de los episodios más extremos es el del papa Formoso. Nueve meses después de su muerte, ocurrida en el año 896, su rival político y nuevo pontífice, Esteban VI, ordenó exhumar su cadáver. El cuerpo, vestido con los ornamentos papales y sentado en un trono, fue sometido a juicio por perjurio e ilegalidad en su elección. Lo declararon culpable, le cortaron los tres dedos de la mano derecha con los que bendecía y lo lanzaron al río Tíber. Sus sucesores rehabilitaron oficialmente su memoria. La profanación se dio en medio de la pugna por el control de Italia entre la casa de Spoleto y el rey Arnulfo de Carintia.

Celestino V, un monje ermitaño que vivía en una cueva en los Abruzos, en el centro de Italia, fue elegido papa en 1294, a los 79 años. Agobiado por la corrupción que vio en el Vaticano, renunció a los cinco meses. Su sucesor, Bonifacio VIII, lo encerró en una torre por temor a que su ejemplo provocara un cisma, y Celestino murió pocas semanas después. Siglos más tarde, Benedicto XVI visitó su tumba en la Basílica de Santa María di Collemaggio, en L'Aquila, a los cinco meses de su elección, un gesto que la nota original interpreta como un posible anuncio sutil de su propia renuncia.

Otros pontífices llevaron la pelea al terreno militar. Julio II, papa entre 1503 y 1513, prefería la armadura a la diplomacia y dirigió ejércitos para recuperar territorios pontificios. Además, fue el gran mecenas del Renacimiento: encargó a Miguel Ángel pintar la Capilla Sixtina y a Rafael decorar sus estancias.

Sixto V, pontífice entre 1585 y 1590, emprendió una campaña para limpiar el Estado pontificio de bandidos y de familias aristócratas como los Caetani, Colonna, Orsini o Aldobrandini, que se alternaban en el papado. Su política de tolerancia cero fue tan dura que las cabezas de los condenados se exhibieron en los puentes de Roma.

Pío VII, papa entre 1800 y 1823, viajó a París para coronar a Napoleón Bonaparte, quien le arrebató la corona y se la puso él mismo. Años después, el pontífice excomulgó al emperador francés. La respuesta fue su secuestro: tropas francesas lo sacaron a la fuerza del Palacio del Quirinal, entonces residencia papal de verano, y lo mantuvieron cautivo casi cinco años, hasta la caída del régimen. También se ha escrito mucho sobre los planes nunca ejecutados de Hitler para secuestrar a Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial.

La teóloga francesa Véronique Lecaros, profesora de la Universidad Católica, explica que desde que el Vaticano perdió su poder político temporal, la Iglesia ha ganado peso espiritual. Ambos poderes, señala, han estado en tensión dentro del cristianismo desde la Edad Media. A su juicio, la tradición de llamar la atención al poder se ve en León XIV frente a la guerra, en Juan Pablo II durante el conflicto en Iraq y en Francisco, y tomó fuerza a partir de León XIII.

Para Lecaros, que Robert Prevost eligiera el nombre de León es una forma de recordar al papa que impulsó la doctrina social de la Iglesia. León XIII, pontífice entre 1878 y 1903, enfrentó los debates de la industrialización, la condición obrera y la tensión entre capitalismo y socialismo, y propuso poner al ser humano en el centro.

La especialista reconoce que, aunque el papa es sobre todo un guía espiritual, también tiene una dimensión política. Cita como ejemplo a Juan Pablo II, cuyo deseo más profundo fue la caída del comunismo, sistema que padeció en carne propia. Sobre León XIV, destaca la delicadeza con que maneja los asuntos políticos y menciona que, mientras Estados Unidos celebraba sus 250 años de independencia, el papa estaba en Lampedusa con inmigrantes.

Podríamos decir que es una tradición del cristianismo llamar la atención al poder, la cual cobró fuerza a partir de León XIII

Véronique Lecaros, teóloga y profesora de la Universidad Católica

A veces olvidamos que el papel del Papa es el de guía espiritual. Sin embargo, ciertamente los pontífices tienen también una dimensión política

Véronique Lecaros, teóloga

No ha ido a EE.UU. y, en cambio, vendrá al Perú. Es una manera de tomar distancia del poder

Véronique Lecaros, teóloga