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EL NIÑO Sequía golpea Asia y pone en riesgo el arroz

Un episodio inusualmente intenso de El Niño, iniciado en mayo, provoca sequías, incendios y caída de cosechas en el sur y sureste de Asia, en medio de la crisis energética derivada de la guerra en Irán. Sri Lanka, Bangladesh y Camboya aparecen como los países más vulnerables, según un índice de The Economist.

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Imagen referencial · Foto: Jose Varghese / Wordpress

El fenómeno de El Niño golpea con fuerza al sur y sureste de Asia, una región donde cientos de millones de personas viven de la agricultura y cuyos gobiernos aún enfrentan la crisis energética provocada por la guerra en Irán. El riesgo más inmediato es una crisis alimentaria.

El episodio actual comenzó en mayo y llegará a su punto máximo el próximo mes. Según una medición diaria, las anomalías de temperatura en la superficie del mar en el Pacífico ya superaron el pico de todos los eventos registrados. La Organización Meteorológica Mundial prevé que se extienda hasta febrero.

Las señales ya son visibles. En mayo, cerca de dos toneladas de peces muertos aparecieron en la superficie de un lago en Camboya. En Indonesia, la baja del nivel del agua en otro lago dejó al descubierto las ruinas de Somang, un pueblo sumergido durante mucho tiempo. En Filipinas, las autoridades advirtieron a los vecinos de Manila que el suministro de agua podría reducirse pronto.

El Niño es un patrón climático natural que se repite cada pocos años: un cambio en los vientos sobre el Pacífico oriental genera condiciones más cálidas y secas en buena parte del sur y sureste asiático.

Los daños se acumulan. El monzón de la India, que aporta casi el 70% de las lluvias del año, cerró 13% por debajo de lo normal, la peor sequía en una década. Datos satelitales indican que Indonesia vive su peor temporada de incendios en 11 años. En Filipinas, siete provincias ya están en sequía y las autoridades advierten que todo el país podría estarlo a inicios del próximo año.

Los agricultores que dependen de la lluvia serán los más afectados, sobre todo en Indonesia, donde la principal cosecha de arroz se siembra entre octubre y diciembre, justo en el pico del fenómeno. Los cultivos de regadío tampoco se salvan: en el centro de Tailandia, el agotamiento de los embalses llevó al gobierno a pedir a los productores que no siembren una segunda cosecha de arroz este año.

A esto se suma la interrupción del suministro de combustible y fertilizantes por la guerra en Irán. El Banco Mundial proyecta que los fertilizantes costarán este año, en promedio, 38% más que el año pasado. La inflación anual de alimentos en la India pasó de 2,1% en enero a 6% en agosto, y en Sri Lanka llegó a 9% en septiembre.

La mayor preocupación es el abastecimiento. El banco tailandés Krungthai estima que la producción de arroz de Tailandia podría caer 18% de aquí a mediados del próximo año. Tailandia tiene reservas abundantes, pero otros países no: las de Bangladesh equivalen a menos del 4% de su consumo anual, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

The Economist elaboró un índice de vulnerabilidad para 11 economías emergentes de Asia, que combina cuánto podría afectar El Niño a cada economía según el peso de su agricultura y la capacidad de su gobierno para amortiguar el golpe, medida por reservas de cereales, deuda pública y alcance de la protección social. Sri Lanka, Bangladesh y Camboya resultan los más expuestos; Myanmar probablemente encabezaría la lista, pero sus datos están incompletos por la guerra. Tailandia y Malasia, los más ricos, salen mejor parados.

El impacto varía según el país: en la India el riesgo recae sobre todo en los agricultores, mientras que en Filipinas y Bangladesh pesa más sobre los consumidores.

Las consecuencias van más allá de la comida. El Banco Asiático de Desarrollo (BAD) advierte que El Niño puede agravar la crisis energética, porque la sequía de los ríos reduce la generación hidroeléctrica justo cuando el calor eleva la demanda de aire acondicionado, lo que obliga a quemar más carbón. También hay riesgo para la salud: el humo de los incendios en Indonesia cubrió partes del sudeste asiático y, el 12 de octubre, el aire de Singapur fue calificado como el peor del mundo, por encima del de Nueva Delhi.

El costo económico podría ser enorme. Un estudio sobre El Niño de 1997 concluyó que le costó a la economía mundial casi USD 6 mil millones en los cinco años siguientes, con Asia como la principal afectada. Las Naciones Unidas estiman que, si la crisis de precios de alimentos y energía de este año se trasladara por completo a los hogares, sin subsidios ni otras ayudas, unos 132 millones de personas más caerían en la pobreza en el mundo, 91 millones de ellas en Asia.

Según Roshen Fernando, del BAD, mejores datos y pronósticos permiten a las autoridades prepararse mejor que en episodios anteriores. Además de acumular reservas de arroz, los gobiernos buscan apoyar directamente a los agricultores: la India incentiva a los productores de zonas con sequía a pasarse a legumbres y otros cultivos, y Filipinas reparte semillas resistentes a la sequía.

Fernando sostiene que los gobiernos deberían reservar dinero específicamente para El Niño, en lugar de esperar a que ocurra la catástrofe para liberar fondos. Plantea negociar líneas de crédito de emergencia y seguros contra desastres antes del pico del fenómeno.

Una herramienta clave es la llamada acción anticipatoria, que libera fondos u otra ayuda cuando los pronósticos superan umbrales fijados de antemano, como el nivel de agua de un embalse. La ONU calcula que cada dólar invertido así puede ahorrar hasta USD 7 en pérdidas y ayuda posterior. Estos programas se aplican en África y Centroamérica, pero en Asia su alcance ha sido limitado, en parte por falta de financiamiento.

En junio, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura pidieron USD 202 millones para proteger a 8,8 millones de personas en 22 países, entre ellos Afganistán, Pakistán y Filipinas. Hasta ahora solo se han reunido USD 40 millones, y la prevención es de las primeras áreas recortadas cuando los donantes de países ricos ajustan sus presupuestos.

Hace más de un siglo, un El Niño particularmente intenso causó hambrunas que mataron a decenas de millones de personas en la India, China y otros lugares, en gran parte porque nadie lo previó ni supo cómo responder. Hoy Asia es mucho más rica y sabe lo que viene, pero los pronósticos solo sirven si gobiernos y donantes actúan a tiempo.