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Economía

ENVEJECEMOS Perú vive más años y tiene menos hijos

Una columna publicada en El Comercio advierte que el Perú, con una edad promedio de 34 años, envejece con rapidez y que su bono demográfico terminaría hacia el 2045. Plantea que personas y empresas deben repensar las carreras y aprovechar el aporte de los adultos mayores.

El Perú todavía es un país joven, con una edad promedio de 34 años, pero su población envejece a gran velocidad. Así lo plantea una columna de opinión publicada en El Comercio, que advierte que los peruanos viven más años y tienen menos hijos.

Según el texto, estas tendencias obligan a replantear los planes de carrera de cada persona y, desde las empresas y el país, el papel de los adultos mayores en la economía y la sociedad.

La columna recuerda que el bono demográfico peruano comenzó en el 2005 y terminaría aproximadamente en el 2045. Durante este periodo, el mercado laboral ha contado con muchos trabajadores y relativamente pocos niños y adultos mayores dependientes, un factor que, según el autor, impulsó el crecimiento de las últimas décadas.

El artículo cita la serie de libros “The 100-Year Life”, de los profesores Lynda Gratton y Andrew J. Scott, de London Business School. Ellos sostienen que, con mayor longevidad y menor natalidad, una carrera lineal deja de ser viable en términos financieros y motivacionales.

De acuerdo con esa visión, los profesionales deberán concebir su vida laboral como un portafolio de actividades dependientes e independientes, aprender de forma constante y equilibrar el trabajo con retos creativos y sus relaciones personales.

Gratton y Scott recomiendan invertir tanto en activos tangibles, que den solidez financiera para una vida larga, como en activos intangibles que permitan seguir siendo productivos y felices. La columna añade que el aprendizaje continuo es necesario para adaptarse a los cambios tecnológicos, la inteligencia artificial y las oportunidades del mercado, y que esas transiciones requieren autoconocimiento, flexibilidad psicológica y una red de contactos amplia y diversa, además de cuidar la salud física y mental.

En el plano empresarial, el texto considera urgente prepararse para aprovechar a los adultos mayores, que representarán una parte cada vez mayor de la población económicamente activa.

El autor señala que muchos programas de recursos humanos se enfocan en la rapidez de los jóvenes para aprender y resolver problemas, lo que los psicólogos Raymond Cattell y John Horn llaman inteligencia fluida. Esta alcanza su punto máximo entre los 20 y 30 años y luego disminuye, mientras que la inteligencia cristalizada llega a su pico entre los 60 y 70 años.

Por ello, la columna sostiene que un equipo que combine jóvenes curiosos y adultos mayores con experiencia puede llegar más lejos que uno homogéneo, y que las empresas que se anticipen a esta tendencia serán más productivas. Concluye que en los próximos años el país debe invertir al mismo tiempo en la productividad de ambos grupos.