Tres hermanos convirtieron la venta de menús en una marca reconocida en redes sociales. Así lo plantea Luciana Olivares en una columna de opinión publicada en Gestión, donde presenta el caso de El chico de los menús como una lección sobre construcción de marca.
Los protagonistas son Elías, comunicador de 25 años; Farid, emprendedor del rubro restaurantes de 22; y Eric, estudiante de 20 y el menor de los tres. Según el relato, Farid tenía un negocio de comida que marchaba bien, pero las ventas cayeron y crecieron las posibilidades de perderlo todo.
Ante ese escenario, Elías y Farid le propusieron a Eric, entre broma y en serio, ponerse un terno y vender menús afuera de la universidad. Eric aceptó y se instaló en la puerta con traje de ejecutivo, un cartel y las bolsas con la comida.
La primera experiencia duró poco: a los 30 segundos apareció el serenazgo y le pidió que se retirara. Sin embargo, un joven que hacía encuestas en ese lugar lo grabó y el video se volvió viral.
Elías aprovechó el momento para lanzar un primer video del emprendimiento, pero sin descuidar la identidad de la marca. El equipo definió elementos distintivos como la música, un tratamiento visual que, según la columnista, puede lograrse con un celular, y una historia potente.
Para Olivares, Eric no vende menús, sino seducción. La autora destaca que en ningún video han dejado de lado su estilo, el doble sentido y el juego con los códigos de la serie Mad Men, aunque dirigidos a la generación Z.
Hoy El chico de los menús suma más de 50,000 seguidores entre TikTok e Instagram. De acuerdo con la columna, la fuerza de la marca hizo que llegaran propuestas para franquiciar el modelo en otras ciudades del Perú incluso antes de vender un solo menú.
Las colaboraciones con empresas también llegaron desde el inicio. Los hermanos han trabajado con firmas de taxis, de internet y, la más reciente, de snacks.
En opinión de Olivares, el caso deja una enseñanza para las marcas: para conectar con los jóvenes no hace falta repetir fórmulas, hablar en jerga ni recurrir al reguetón. Además, sostiene que las empresas que contratan a creadores de contenido deben dejarlos trabajar con libertad y no quitarles lo que los hace diferentes.
La columnista concluye que la comunicación no reemplaza la calidad del producto, pero sí puede convertirse en el diferencial de una marca. A su juicio, marcas y agencias deben dejar de comprar atención y empezar a ganársela, apostando por talento fresco en lugar de fórmulas que prometen viralidad.
No se trata de imitar a la audiencia, sino de encontrar una manera propia de hablarle.
Luciana Olivares, en su columna en Gestión
No puedes contratar talento creativo y después quitarle aquello que lo hace diferente.
Luciana Olivares, en su columna en Gestión
Cuando la creatividad tiene identidad, el menú puede ser mucho más que un menú.
Luciana Olivares, en su columna en Gestión

