Los disturbios ocurridos el sábado en Francia abrieron dos lecturas opuestas. Varios dirigentes internacionales, encabezados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, responsabilizaron a la “inmigración”. La gran mayoría de políticos y expertos franceses, en cambio, apuntan a la ultraizquierda y a una sociedad cada vez más polarizada.
Los hechos se produjeron durante una gran movilización contra el encarecimiento del costo de vida y en respaldo a los estudiantes de liceo. Entre los episodios de violencia figura el incendio del ayuntamiento de Limoges.
Trump se pronunció el domingo. “¡Francia está en llamas! La inmigración de personas procedentes de un mundo totalmente diferente, personas con odio en el corazón, ha destrozado ese país que en su día fue grande”, afirmó. Luego añadió: “¡Cierren sus fronteras y tomen el control, antes de que sea demasiado tarde!”.
El mandatario estadounidense afronta en noviembre unas complicadas elecciones legislativas de medio mandato. Su gobierno, en su estrategia de seguridad nacional de 2026, advierte de un “declive civilizacional” en Europa por una política migratoria que considera demasiado permisiva.
La migración es un asunto muy sensible en la Unión Europea. El primer ministro húngaro, Peter Magyar, relacionó la “violencia injustificable” de los saqueos con la inmigración y sostuvo que ahora quizá quede claro por qué Hungría defiende las medidas migratorias más duras posibles.
En España, el líder ultraderechista Santiago Abascal publicó en X imágenes del incendio en Limoges con el mensaje: “Esto es lo que espera a Europa con el islamoizquierdismo”. Su pronunciamiento llega en clave electoral, ya que su país celebrará legislativas anticipadas en noviembre.
En Francia, el presidente Emmanuel Macron rechazó de forma implícita culpar a la población inmigrante. El domingo se preguntó “¿Cómo pueden franceses hacerle esto a Francia?” y atribuyó la violencia a “grupúsculos de extrema izquierda” y a “delincuentes”.
Su ministro de Ciudad, el derechista Vincent Jeanbrun, indicó que entre los alborotadores había una “pequeña parte” de habitantes de los suburbios, zonas que, según dijo, “albergan una forma de delincuencia alimentada en particular por los narcotraficantes”.
A seis meses de la elección presidencial, a la que Macron ya no puede postular, incluso la ultraderechista Agrupación Nacional (RN), cuya candidata Marine Le Pen encabeza las encuestas, evitó apuntar a los migrantes, su blanco habitual, y se concentró en la extrema izquierda. Su presidente, Jordan Bardella, calificó a los activistas de ultraizquierda como el “cáncer” de la democracia y el “brazo armado” de La Francia Insumisa (LFI), el partido de izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon.
Los especialistas consultados por la agencia AFP subrayan, sin embargo, que los violentos tenían perfiles variados. El politólogo Pascal Perrineau explicó que la gran mayoría de manifestantes fue pacífica, pero que, como suele pasar en Francia, se sumaron elementos que no lo eran.
Según Perrineau, entre ellos hubo estudiantes que se habrían “radicalizado” imitando a “líderes violentos”, jóvenes de “movimientos políticos de tipo revolucionario” y los llamados “black blocs”, que “propugnan el caos en la calle” y suelen enfrentarse a la policía. A ellos se sumaron jóvenes de los suburbios, entre los que “se encuentran franceses de origen inmigrante”, que ejercen una “violencia de depredación” centrada en saquear y destrozar tiendas.
Estos últimos protagonizaron una ola de disturbios en 2023, luego de que Nahel, un joven de 17 años, muriera por un disparo a quemarropa de un policía durante un control de tránsito en la periferia de París. En esa ocasión atacaron primero símbolos del Estado, como escuelas, y después pasaron a los saqueos.
Antes, entre 2018 y 2019, el movimiento de los chalecos amarillos, integrado en gran parte por manifestantes de zonas periurbanas y rurales y con el que se comparan las protestas actuales, dejó numerosos destrozos y saqueos, sobre todo en barrios acomodados de París.
Para Perrineau, la repetición de estos desbordes revela un país “profundamente dividido, en el que hay un ambiente de disturbios”, y anticipa una campaña presidencial “muy agitada”.
El historiador Stéphane Sirot, especialista en movimientos sociales, considera que “hay una cristalización de rabias que remontan a varios años”, vinculadas a temas como el clima y el poder adquisitivo. A su juicio, estos episodios “ilustran las problemáticas de una sociedad cada vez más polarizada”.
¡Francia está en llamas! La inmigración de personas procedentes de un mundo totalmente diferente, personas con odio en el corazón, ha destrozado ese país que en su día fue grande
Donald Trump, presidente de Estados Unidos
¡Cierren sus fronteras y tomen el control, antes de que sea demasiado tarde!
Donald Trump, presidente de Estados Unidos
Quizá ahora esté claro para todo el mundo por qué Hungría aboga por las medidas más estrictas posibles en materia de migración
Peter Magyar, primer ministro de Hungría
Esto es lo que espera a Europa con el islamoizquierdismo
Santiago Abascal, líder ultraderechista español
¿Cómo pueden franceses hacerle esto a Francia?
Emmanuel Macron, presidente de Francia
La inmensa mayoría de los manifestantes eran pacíficos. Pero, como suele ocurrir en este tipo de manifestaciones en Francia, se sumaron elementos que lo eran mucho menos
Pascal Perrineau, politólogo
Hay una cristalización de rabias que remontan a varios años
Stéphane Sirot, historiador especialista en movimientos sociales