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CASO MÁRKOV Crimen del paraguas con ricina sigue sin culpables

El disidente, periodista y escritor búlgaro Gueorgui Márkov murió en Londres en septiembre de 1978, cuatro días después de ser pinchado con un paraguas en el puente de Waterloo. Un diminuto perdigón con ricina reveló un asesinato político que, según desertores de la KGB y del servicio secreto búlgaro, se ordenó desde lo más alto de Bulgaria y la Unión Soviética.

El 7 de septiembre de 1978, el disidente, periodista y escritor búlgaro Gueorgui Márkov, de 49 años, esperaba el autobús en el puente de Waterloo, en el centro de Londres, cuando un hombre lo pinchó con un paraguas. Murió cuatro días después en el hospital. Los médicos hablaron primero de una septicemia, pero los investigadores concluyeron que se trataba de un asesinato político cometido con una técnica muy sofisticada.

“Sintió un pinchazo en el muslo. Volteó y vio a un hombre detrás suyo que se disculpó y dejó caer un paraguas”, relató su esposa, Annabel Márkov.

En los días siguientes, la unidad antiterrorista británica encontró la pista clave. En el laboratorio forense de Scotland Yard, el jefe científico examinó un diminuto objeto metálico extraído del muslo de Márkov. Según el periodista de Panorama, de la BBC, Michael Cockerell, se trataba de un proyectil no mayor que la cabeza de un alfiler, con cuatro orificios que, para los expertos, habían contenido una cantidad mínima de veneno letal.

Los científicos de Porton Down, el centro británico ultrasecreto de investigación de guerra química y microbiológica, determinaron que la causa de la muerte fue la ricina, una toxina extremadamente letal. De acuerdo con Panorama, nunca antes se había usado esta sustancia para cometer un asesinato en Gran Bretaña.

Otro exiliado búlgaro, Vladimir Kostov, habría sido atacado de forma similar diez días antes. Al salir del metro de París con su esposa, sintió un dolor agudo en la espalda y tuvo fiebre alta durante tres días, pero se recuperó. Al enterarse de la muerte de Márkov, se hizo una radiografía que reveló un pequeño objeto metálico en su espalda.

Un cirujano de una clínica parisina lo operó bajo la vigilancia de un agente de la policía francesa vestido con bata y mascarilla. “El cirujano tuvo que extremar las precauciones. Extrajo la perdigón metálico sin llegar a tocarlo en ningún momento”, contó Kostov a la BBC. El objeto fue entregado a un inspector de Scotland Yard y llevado a Inglaterra.

Con un microscopio electrónico de barrido, los expertos comprobaron que era idéntico al hallado en el cuerpo de Márkov: mismo peso, orificios en los mismos lugares y fabricado con una aleación poco común de platino e iridio que el cuerpo humano no rechaza. Los toxicólogos de Porton Down encontraron anticuerpos contra la ricina en los tejidos de Kostov y concluyeron que sobrevivió porque la dosis fue insuficiente.

La sofisticación del método y los indicios de ataques coordinados convencieron a Scotland Yard de que un servicio de inteligencia estatal participó en el crimen.

Márkov, novelista y dramaturgo reconocido en su país, se movía en los círculos de la élite gubernamental hasta que desertó de la Bulgaria comunista en 1969. Ya en Reino Unido, se volvió un férreo crítico del gobierno búlgaro y trabajó para el Servicio Mundial de la BBC y para Radio Free Europe (RFE), emisora del gobierno de Estados Unidos en Europa.

En RFE emitía programas semanales sobre la vida en las altas esferas búlgaras. Uno se titulaba “La vida tras las cortinillas”, en alusión a las pequeñas cortinas de los Mercedes negros oficiales, y relataba casos de nepotismo, irregularidades financieras y corrupción. Aunque el gobierno búlgaro negaba que esas emisiones tuvieran impacto, la BBC supo que al presidente Tódor Zhívkov le molestaba profundamente la serie “Mis encuentros con Tódor Zhívkov”.

Zhívkov gobernaba Bulgaria desde 1956 y mantenía vínculos muy estrechos con la Unión Soviética, relación que describía como la de dos pulmones en un mismo cuerpo. El ataque contra Márkov ocurrió el día del cumpleaños de Zhívkov.

La familia había sido advertida. En 1979, la viuda y el hermano mayor de Márkov contaron a Panorama que un desconocido les avisó meses antes que sería envenenado. Annabel relató que en mayo de 1978 un hombre visitó a su esposo y le dijo que la decisión de matarlo se había tomado al más alto nivel político de Bulgaria por sus críticas en RFE. Su hermano Nikolai afirmó que en septiembre de 1977 recibió una llamada con el mismo aviso.

Ese mismo año, Stefan Sverdlov, excoronel de la policía secreta búlgara que desertó en 1971, y Nikolai Khokhlov, antiguo jefe de un escuadrón de asesinatos de la KGB, hablaron por primera vez en público en la BBC y responsabilizaron del crimen a los niveles más altos de los gobiernos de Bulgaria y la Unión Soviética.

Tras la caída de la Unión Soviética se supo que la KGB había desarrollado un paraguas capaz de inyectar perdigones de ricina. Además, dos antiguos oficiales de la KGB que desertaron declararon después que su organización colaboró en el asesinato, aunque este fue ejecutado por un delincuente italiano con el nombre en clave “Piccadilly”.

Nadie fue acusado jamás por la muerte de Márkov. Bulgaria cerró el caso en 2013 por falta de sospechosos, mientras que en Reino Unido la investigación sigue abierta.

Según dijo Khokhlov a la BBC en 1979, el crimen buscaba también un impacto psicológico en los disidentes en el extranjero: “el temor a no estar protegidos por la distancia ni por los sistemas de seguridad de Occidente”.

Sintió un pinchazo en el muslo. Volteó y vio a un hombre detrás suyo que se disculpó y dejó caer un paraguas.

Annabel Márkov, viuda de Gueorgui Márkov

Un hombre me llamó diciendo que se había tomado la decisión de matar a Gueorgui, de eliminarlo sin dejar rastro.

Nikolai Márkov, hermano de la víctima, a la BBC

Es inconcebible que esto pudiera haberse hecho sin que los rusos lo supieran.

Stefan Sverdlov, excoronel de la policía secreta búlgara, a la BBC en 1979

La técnica es (…) ridículamente sofisticada. Eso me indica que los agentes que planificaban la operación intentaban complacer a alguien de las más altas esferas.

Nikolai Khokhlov, antiguo jefe de un escuadrón de asesinatos de la KGB

La acción equivale a acercarse a alguien por detrás y susurrarle al oído: ‘Podemos atraparte cuando queramos. Podemos matarte’.

Nikolai Khokhlov, a la BBC en 1979

Supimos que estaba furioso por las charlas de Márkov sobre sus encuentros con él.

Kyril Panov, locutor búlgaro de RFE