La economía argentina vive una etapa en la que los avances para estabilizarla conviven con problemas para recuperar la actividad. Así lo plantea el CEO de la firma Fidelitas en una columna de análisis, en la que advierte que el ajuste fiscal, la apreciación cambiaria y el crédito caro contienen desequilibrios, pero también debilitan el consumo y la inversión.
De acuerdo con el autor, el Gobierno argentino ha puesto el equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la normalización monetaria como ejes de su programa. El reto, señala, es sostener esas metas sin dañar las condiciones necesarias para volver a crecer.
El columnista reconoce que el equilibrio fiscal reduce la necesidad de financiamiento monetario, estabiliza expectativas y mejora la percepción de solvencia del Estado. Sin embargo, considera que el punto central está en la forma y la velocidad con que se logra, y en su costo sobre la actividad.
Según su análisis, el recorte de la obra pública, la contracción del gasto y la pérdida de poder adquisitivo debilitan la demanda interna. Menos consumo se traduce en menores ventas, menos inversión y menor recaudación. El texto indica que los últimos datos muestran que el comercio, medido a través del IVA, sigue cayendo en términos reales.
El autor describe una tensión circular: la menor actividad reduce los ingresos fiscales y obliga a nuevos ajustes para cuidar el resultado presupuestario, que a su vez pueden volver a golpear la actividad.
En el frente cambiario, el análisis sostiene que usar el tipo de cambio como ancla ayuda a bajar la inflación, pero cuando el dólar sube menos que los precios, el peso se aprecia en términos reales. Eso resta competitividad a algunas actividades industriales y regionales, abarata importaciones y viajes al exterior, y estimula la demanda de divisas.
Para dimensionar ese problema, el columnista compara dos cifras: las compras de dólares por parte de personas alcanzaron los USD 36.500 millones en los últimos 18 meses, mientras que el saldo de la balanza comercial fue de USD 29.132 millones en el mismo periodo. A su juicio, las divisas que genera el comercio no necesariamente alcanzan para cubrir la demanda privada y los compromisos financieros.
El autor añade que la eliminación de restricciones favoreció la normalización financiera, pero también abrió paso a una mayor demanda de dólares, lo que sin reservas suficientes podría presionar otra vez el mercado cambiario. En ese marco, se pregunta si los USD 75.000 millones bastan para garantizar el equilibrio.
El tercer frente es el crédito. Según el texto, las tasas de interés reales positivas hacen más atractivo ahorrar en pesos y moderan la demanda de dólares, pero encarecen el financiamiento de familias y empresas. Eso eleva la morosidad y lleva a postergar decisiones de inversión.
El análisis cita datos según los cuales las empresas en situación diferente de la normal dentro del sistema bancario llegaron a 58.982, un 53 % más que hace 12 meses. Para el autor, las tasas altas que buscan contener la inflación y la dolarización pueden volverse un freno para el crédito, la inversión y el consumo si se mantienen demasiado tiempo.
El columnista concluye que los tres desequilibrios están conectados y que la estabilización no garantiza por sí sola el crecimiento. A su juicio, será necesario recuperar la actividad, ampliar la capacidad de generar divisas y crear condiciones para que el crédito y la inversión vuelvan a acompañar la producción.
La pregunta ya no es solamente cómo estabilizar la economía, sino cómo evitar que los instrumentos utilizados para alcanzar esa estabilidad terminen debilitando las bases sobre las que debe sostenerse.
CEO de Fidelitas, autor de la columna
El equilibrio fiscal, la desinflación y la normalización cambiaria son condiciones relevantes, pero no garantizan por sí solas el crecimiento.
CEO de Fidelitas, autor de la columna