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OREGÓN Padre que detuvo a tirador: “No pude salvarlos a todos”

Kaylub Giamanco, carpintero de 36 años y padre de dos alumnas de la escuela primaria Silver Rail, en Bend (Oregón, EE. UU.), contó cómo abatió el 15 de octubre a un adolescente de 16 años que había asesinado a tres niños y a una docente dentro del plantel.

Kaylub Giamanco, un carpintero de 36 años, abatió al adolescente de 16 años que irrumpió armado en la escuela primaria Silver Rail, en Bend, Oregón (Estados Unidos), el 15 de octubre. Antes de ser detenido, el atacante asesinó a tres niños y a una docente, e hirió a una niña y a otra maestra.

Giamanco, padre de dos alumnas del colegio, narró lo ocurrido en una entrevista con Oregon Public Broadcasting (OPB). Según su relato, volvía a casa para almorzar con su esposa cuando vio al joven con una escopeta en una calle cercana a la escuela. El hecho ocurrió cerca de las 12:58 p. m., el mismo día en que sus hijas habían participado en la sesión de fotos escolares.

El carpintero estaba a cuatro cuadras de su casa cuando tomó la avenida Brentwood. Esa ruta, y el haber descartado otras paradas, lo hicieron pasar frente al plantel en plena agresión.

Al inicio pensó que el arma podía ser falsa. Cambió de idea cuando vio al adolescente disparar dos veces contra una camioneta roja y otra vez hacia una mujer que cortaba el césped de la escuela. Luego, el joven lanzó la escopeta por encima de una reja, trepó el cerco y se dirigió al edificio.

Giamanco sacó de la consola central de su camioneta una pistola calibre .40 que, según dijo, casi no usaba, y tomó el cargador de otro compartimiento. Le pidió a Siri que llamara al 911, pero se frustró por la cantidad de preguntas de la operadora y le dijo: “Lo siento, tengo que entrar. La gente va a morir”.

Saltó el cerco y avanzó por el lado opuesto de la cancha para no quedar expuesto, mientras el atacante iba hacia una entrada lateral. Oyó dos disparos contra las puertas de vidrio. Agachado junto a las ventanas, escuchó a niños que rogaban por sus vidas y luego nuevas detonaciones. “Me dije que probablemente era lo último que iba a hacer”, recordó.

Ya dentro, se desplazó por el suelo hasta el aula de educación especial. Desde afuera vio a una maestra que forcejeaba con el atacante, quien estaba de perfil y no lo había notado. Abrió la puerta y disparó. La docente y el adolescente cayeron; ella se levantó y huyó porque creyó que él era un segundo atacante.

Cuando el joven intentó alcanzar su arma, Giamanco volvió a disparar. “Le disparé otras dos veces para asegurarme de que no pudiera moverse porque temía que volviera a dispararle a alguien”, explicó.

Al escuchar las sirenas, salió a buscar a la maestra. Cuando apareció el primer policía, con chaleco antibalas y fusil, dejó la pistola en el suelo y levantó las manos. Mientras ingresaban los servicios de emergencia, guardó el arma en su camioneta, llamó a su esposa para avisarle que no llegaría a comer tacos y después habló con su madre.

“Ella me dijo: ‘Bueno, cariño, cálmate. Hiciste lo correcto. Eres un héroe. Salvaste vidas’. Y yo le respondí: ‘No salvé a todo el mundo. No pude salvarlos a todos’”, contó.

Giamanco creció en Bend como el mayor de siete hermanos. Su padre abandonó a la familia cuando él tenía 15 años y su madre crió a los hijos con pocos recursos. A los 7 años, su abuelo le regaló una escopeta y le enseñó sobre armas y caza. De adulto dejó de usarlas por años, estudió geografía y se formó como carpintero.

Retomó las armas mientras trabajaba en la construcción de un restaurante en Redmond, donde conoció a un cliente veterano de la guerra de Irak, y recibió entrenamiento de otros exmilitares que viajaban a Bend. “Si no hubiera tenido ese entrenamiento, probablemente no estaría vivo hoy”, afirmó.

Desde el ataque, le cuesta dormir: “Revivo, veo rostros, oigo voces, oigo gritos”. Entre lágrimas, se dirigió a las familias de las víctimas: “Quiero disculparme por no haber salvado a sus bebés”.

El padre dijo que piensa tanto en las familias afectadas como en el adolescente al que disparó. “A veces hay un niño que no recibió el amor que merecía”, sostuvo, y consideró que más contención y una mejor crianza podrían haber evitado el ataque.

También señaló que aún no sabe el nombre de la maestra que enfrentó al agresor y que su intervención le dio el tiempo para disparar sin poner en riesgo la vida de ella. “Me encantaría darle un abrazo porque es una verdadera heroína”, dijo.

Giamanco evalúa organizar una carrera de motocross para reunir fondos destinados a reforzar la seguridad escolar con cristales antibalas, cerraduras y agentes de seguridad en cada plantel. Por ahora se enfoca en sus hijas y en recordarles que estará allí para protegerlas.

La familia se alojó primero en un hotel y luego en una vivienda de alquiler temporal, porque desde su casa se ve la escuela. Las niñas no volverán al colegio por un tiempo y tratan de sobrellevar lo ocurrido con juegos de mesa y comidas en familia.

Quiero disculparme por no haber salvado a sus bebés

Kaylub Giamanco, padre que abatió al atacante

Lo siento, tengo que entrar. La gente va a morir

Kaylub Giamanco, en su llamada al 911

Le disparé otras dos veces para asegurarme de que no pudiera moverse porque temía que volviera a dispararle a alguien

Kaylub Giamanco

No salvé a todo el mundo. No pude salvarlos a todos

Kaylub Giamanco

Si no hubiera tenido ese entrenamiento, probablemente no estaría vivo hoy

Kaylub Giamanco

Me encantaría darle un abrazo porque es una verdadera heroína

Kaylub Giamanco, sobre la maestra que enfrentó al atacante