Investigadores de varios países describieron una nueva especie de cocodrilo extinto cuyos restos provienen de las rocas que se usaron para levantar la Gran Esfinge de Guiza, la célebre escultura de piedra caliza con cuerpo de león y cabeza humana en Egipto.
Los científicos llamaron a la especie 'Herugavialis cairensis'. Un detalle llamó la atención: al cráneo le falta la punta del hocico, tal como a la Gran Esfinge le falta la nariz. El hallazgo se publicó este miércoles en la revista de la Royal Society de Londres.
El animal pertenece a la familia de los gaviales, también conocidos como cocodrilos del Ganges. Estos reptiles pueden alcanzar los 6 metros de largo y tienen hocicos largos y delgados, adaptados para comer peces pequeños.
Actualmente, los gaviales viven en aguas dulces del subcontinente indio y del sudeste asiático. Solo existen dos especies vivas, el 'Gavialis gangeticus' y el 'Tomistoma schlegelii' o 'falso gavial', y ambas están en peligro crítico de extinción.
Según cálculos de organizaciones ecologistas, quedan unos 200 ejemplares vivos. La causa es la sobrepesca de los peces pequeños de los que se alimentan en las zonas donde habitan hoy.
Los científicos explican que el registro fósil de los gaviales muestra que se distribuyeron casi por todo el planeta durante más de 100 millones de años, y que muchas especies antiguas vivían en mares poco profundos.
Los fósiles analizados fueron encontrados hace un siglo, en la década de 1920, en la Formación Mokkatan, una unidad geológica de roca caliza del Eoceno medio situada en el norte de Egipto, cerca de El Cairo. Esta formación se explota desde los tiempos de los faraones y de ella se sacaron piedras para las pirámides de Guiza, la Gran Esfinge y la Pirámide Escalonada de Zóser, en Saqqara.
Entre esos restos había un cráneo casi completo de un cocodrilo de hace 45 millones de años. En su momento, se le atribuyó al género Tomistoma por su parecido superficial con el falso gavial.
Hace algunos años, Paul Burke, investigador del Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo, se interesó en que al cráneo le faltaba la punta del hocico. Con colegas del Reino Unido, Alemania y Egipto, lo volvió a estudiar con técnicas paleontológicas actuales y así comprobaron que se trataba de una especie hasta ahora desconocida.
El profesor Philip Mannion, del University College de Londres y uno de los autores, explicó que el nombre alude a la coincidencia con la nariz perdida de la Esfinge y al dios egipcio Heru, posible inspiración del monumento.
El 'Herugavialis cairensis' no estaba solo. Los mares poco profundos que cubrían buena parte de la región albergaban al menos otras dos especies de gaviales en esa época.
Burke señaló que la diversidad de cocodrilos en el Mediterráneo varió con el tiempo, aparentemente al ritmo de los cambios de temperatura global y del nivel del mar, hasta que todos desaparecieron de la zona cuando el Mediterráneo se secó, hace unos 6 millones de años.
Además del hocico, los autores destacan que la nueva especie tenía ojos saltones y patas más pequeñas de lo habitual en un cocodrilo.
Dada la coincidencia con la famosa nariz desaparecida de la Gran Esfinge egipcia, decidimos bautizar al nuevo cocodrilo como 'Herugavialis cairensis', en honor al dios egipcio Heru, quien posiblemente fue la inspiración para este emblemático monumento
Philip Mannion, profesor del University College de Londres
Durante gran parte de los últimos 50 millones de años, la región mediterránea albergó una gran diversidad de cocodrilos, incluidos los gaviales
Paul Burke, investigador del Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo
Sin embargo, esta diversidad fluctuó a lo largo del tiempo, aparentemente en consonancia con los cambios en la temperatura global y el nivel del mar, antes de que desaparecieran todos los cocodrilos de esta región como consecuencia de la desecación del Mediterráneo hace aproximadamente 6 millones de años
Paul Burke, investigador del Museo Sueco de Historia Natural de Estocolmo

