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EE.UU. · Christa Pike sobrevive a inyección letal y no es la única

Christa Pike, condenada por asesinar a una universitaria en Tennessee en 1995, sobrevivió a su ejecución por inyección letal, programada para el 30 de septiembre de 2026. Su caso reabrió el debate sobre este método en Estados Unidos, donde otros reos pasaron por intentos fallidos o complicados, sobre todo por problemas para colocar las vías intravenosas.

El intento fallido de ejecutar a Christa Pike volvió a poner en debate el uso de la inyección letal en Estados Unidos. Pike fue condenada a muerte por el asesinato de una estudiante universitaria en Tennessee en 1995. Su ejecución estaba programada para el 30 de septiembre de 2026, pero el procedimiento no le causó la muerte.

Su caso no es aislado. Otros condenados a la pena capital sobrevivieron a intentos de ejecución que se suspendieron, principalmente porque el personal no pudo colocar las vías intravenosas necesarias para administrar los fármacos. En otros casos, el procedimiento se complicó, pero terminó con la muerte del reo.

Tony Carruthers debía ser ejecutado el 21 de mayo de 2026 en la Riverbend Maximum Security Institution. El personal médico logró una vía intravenosa primaria, pero no encontró la segunda vía de respaldo que exige el protocolo. Luego intentó establecer una vía central, sin éxito. Su ejecución fue aplazada un año. Carruthers fue sentenciado en 1996 por participar en el secuestro y asesinato de Marcellos Anderson, su madre Delois Anderson y Frederick Tucker, crímenes cometidos en Tennessee en 1994.

En Idaho, la ejecución de Thomas Eugene Creech se fijó para el 28 de febrero de 2024. El equipo médico pasó cerca de una hora sin poder establecer una vía intravenosa y se suspendió el procedimiento. La nueva fecha, el 13 de noviembre de 2024, se aplazó por impugnaciones legales al protocolo de ejecución. Creech sigue con vida en el corredor de la muerte. Fue condenado a muerte en 1983 por matar a golpes, dos años antes, a su compañero de prisión David Dale Jensen, quien tenía una discapacidad y cumplía condena por robo de auto. Creech ya purgaba cadena perpetua por homicidios anteriores.

Kenneth Smith debía morir por inyección letal el 17 de noviembre de 2022 en Alabama, pero el equipo no logró colocar las vías antes de que venciera la orden de ejecución. Fue ejecutado con hipoxia por nitrógeno el 25 de enero de 2024. Smith fue condenado por matar a puñaladas, por encargo, a Elizabeth Dorlene Sennett en 1988. Según el caso, él y John Forrest Parker fueron contratados por el esposo de la víctima, el predicador Charles Sennett. En un nuevo juicio, en 1996, el jurado recomendó cadena perpetua sin libertad condicional, pero el juez le impuso la pena capital.

En Texas, Stephen Barbee fue ejecutado el 16 de noviembre de 2022 en la penitenciaría estatal de Huntsville. El procedimiento duró 35 minutos por las dificultades para encontrarle una vena, debido a sus discapacidades físicas. Fue declarado muerto a las 7:35 p. m. Barbee fue condenado por asfixiar y enterrar en una tumba poco profunda, en febrero de 2005, a su exnovia embarazada, Lisa Underwood, de 34 años, y al hijo de ella, Jayden, de 7. Los fiscales sostuvieron que buscaba evitar que su esposa supiera del embarazo.

Ese mismo 16 de noviembre de 2022 fue ejecutado Murray Hooper en Arizona. Como no eligió entre la cámara de gas y la inyección letal, se le aplicó esta última, el método predeterminado del estado. El equipo del centro penitenciario de Florence falló varias veces al intentar canalizar venas en ambos brazos y finalmente le colocó un catéter en la vena femoral, en la zona de la ingle. Hooper había sido condenado por los asesinatos de William “Pat” Redmond y Helen Phelps, ocurridos en Phoenix el 31 de diciembre de 1980. Junto con otros dos hombres, irrumpió en la vivienda de las víctimas, las ató, las amordazó y les disparó en la cabeza.

Alan Eugene Miller debía ser ejecutado el 22 de septiembre de 2022 en Alabama. El procedimiento se suspendió tras unos 90 minutos de intentos fallidos para hallar una vena adecuada, antes de administrarle los fármacos. Fue ejecutado por hipoxia de nitrógeno el 26 de septiembre de 2024. Miller fue condenado por matar a Lee Holdbrooks, Christopher Scott Yancy y Terry Jarvis en una serie de tiroteos en sus centros de trabajo en 1999, en la zona de Pelham, Alabama.

También en Alabama, el estado intentó ejecutar a Doyle Lee Hamm el 22 de febrero de 2018. Tras dos horas y media sin lograr una vía intravenosa adecuada, el procedimiento se suspendió antes de que venciera la orden. Hamm tenía cáncer linfático y venas deterioradas; murió en prisión en noviembre de 2021 a causa de esa enfermedad. Había sido condenado en 1987 por matar de un disparo en la cabeza a Patrick Cunningham, empleado nocturno del Anderson’s Motel en Cullman, durante un robo en enero de ese año.

En Ohio, la ejecución de Alva Campbell, prevista para el 15 de noviembre de 2017, se suspendió tras varios intentos fallidos de encontrar una vena viable. Se fijó una nueva fecha para el 5 de junio de 2019, pero Campbell murió en prisión en marzo de 2018. Fue condenado por el secuestro y asesinato de Charles Dials, de 18 años, en 1997. Según el caso, escapó durante un traslado judicial, tomó a Dials como rehén y, tras retenerlo durante horas, lo mató de dos disparos en la cabeza.

El caso de Romell Broom también ocurrió en Ohio. Su ejecución se programó para el 15 de septiembre de 2009 en la Prisión Correccional del Sur, en Lucasville. El intento se suspendió después de más de dos horas y 18 punciones sin que el equipo lograra establecer una vía intravenosa. Aunque luego se fijaron nuevas fechas, Broom murió en prisión en diciembre de 2020. Había sido sentenciado a muerte en 1985 por la violación, el secuestro y el asesinato de Tryna Middleton, una adolescente de 14 años, en Cleveland en 1984.