Isabel Allende, una de las escritoras vivas más leídas en lengua española, tiene una frase sobre la vejez que invita a la reflexión: “La edad, por sí sola, no hace a nadie mejor ni más sabio, solo acentúa lo que cada uno ha sido siempre”.
La idea propone otra mirada sobre el envejecimiento. Según esta lectura, sumar años no convierte de forma automática a nadie en una persona más buena, madura o sabia. Lo que suele ocurrir es que el tiempo hace más visibles los rasgos, costumbres y actitudes que ya formaban parte de cada uno.
Bajo ese enfoque, el crecimiento personal no llega solo con la edad. La sabiduría depende de la capacidad de aprender de las experiencias, de cuestionarse y de estar abierto al cambio.
Así, quien es generoso y reflexivo puede reforzar esas virtudes con los años. En cambio, alguien egoísta o intolerante no se vuelve necesariamente más sabio por el simple hecho de envejecer.
La clave, según esta interpretación, está en cómo se aprovecha lo vivido. Acumular años o situaciones no siempre significa haber aprendido de ellas: hay quienes repiten los mismos errores y quienes usan su experiencia para mejorar, cambiar actitudes y construir relaciones más sanas.
Allende es una escritora chilena nacida en Lima en 1942. Empezó su carrera en el periodismo y debutó como novelista en 1982 con “La casa de los espíritus”, obra de gran éxito que fue adaptada al cine y consolidó su trayectoria.
Ha vendido más de 70 millones de libros en el mundo y sus obras han sido traducidas a más de 40 idiomas. Entre sus títulos más conocidos figuran “De amor y de sombra”, también llevada al cine; “Eva Luna”, “Hija de la fortuna” y “El viento conoce mi nombre”.
En 2010 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Chile y en 2014 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos.
La edad, por sí sola, no hace a nadie mejor ni más sabio, solo acentúa lo que cada uno ha sido siempre.
Isabel Allende, escritora


