Cada octubre, Lima y distintas regiones del Perú se visten de morado por la festividad del Señor de los Milagros. Entre el incienso y los fieles que acompañan al Cristo Morado, un dulce se roba la atención: el turrón de Doña Pepa.
Su origen se remonta a la época virreinal. La tradición oral sitúa su creación en el siglo XVIII y la atribuye a Josefa Marmanillo, conocida como 'doña Pepa', una esclava afroperuana del valle de Cañete que, según los relatos, destacaba en la cocina.
De acuerdo con esa tradición, la mujer padecía una enfermedad extraña que le paralizaba las articulaciones, principalmente las de los brazos.
Frente a esa situación, escuchó sobre los milagros del Cristo Moreno, viajó a Lima y le pidió su sanación. La leyenda señala que, unos meses después, recuperó la movilidad y su salud mejoró.
Como muestra de gratitud por el favor recibido, decidió preparar un postre especial y entregarlo como ofrenda al Cristo de Pachacamilla durante sus procesiones.
El dulce tuvo gran acogida entre los feligreses y se hizo popular rápidamente en la Lima virreinal. Con el paso de los años, se convirtió en un símbolo gastronómico de las procesiones de octubre.
La familia conservó la receta y la fama del turrón pasó de generación en generación. Prueba de ello es su lugar en la tradición de los pregoneros: "¡Los buenos turrones de Doña Pepa!" fue uno de los célebres pregones limeños para ofrecer el dulce en las fiestas religiosas, sobre todo en las del Señor de los Milagros.
Hoy, el turrón de Doña Pepa es uno de los principales dulces de la gastronomía peruana y el protagonista del Mes Morado.
¡Los buenos turrones de Doña Pepa!
Pregón limeño tradicional



